sábado, 6 de marzo de 2010

Especial para la ocasión.

"Alerta y libre hasta el final, guiado sólo por un aroma". A partir de esta reflexión de Eduardo Chillida, nace la nueva creación del enólogo Luís Zudaire. Cuando están a punto de cumplirse ocho años de la desaparición del artista donostiarra, y diez años de la inauguración del Museo Chillida Leku, Bodegas Ysios rinde un homenaje de lujo, con la creación de un vino especial para la ocasión.
Un caldo elaborado con uvas tempranillo procedentes de los viñedos de la Rioja Alavesa, con 15 meses en barrica de roble y 21 meses en botella, creado e inspirado en el artista y sus reflexiones. Un rojo púrpura con gran intensidad de aromas y con muchas ganas de poder paladear...

viernes, 5 de marzo de 2010

Sin sentido.


Los suicidios, según un informe oficial del Instituto Nacional de Estadística (INE), son la primera causa de muerte externa entre la población española. De ellos, el 92,5% de los intentos de suicidio se llevan a cabo mediante intoxicación medicamentosa. En el conjunto del mundo, se estima que un millón de personas se quita la vida, lo que representa un suicidio cada 40 segundos, una cifra que supera las defunciones registradas en algunos conflictos bélicos. Y el número de tentativas es 10-20 veces mayor, con lo cual estamos hablando de una tentativa de suicidio cada 3 segundos.

En la actualidad, el humor perturbado o distimia, se caracteriza principalmente, por la dificultad de las personas para disfrutar de las cosas positivas de la vida o para considerarse plenamente felices. El suicido está hondamente relacionado con la ausencia de sentido. En esta deshauciada situación, se genera el llamado vacío existencial, donde la persona experimenta la sensación de que no puede controlar su propia vida y de que nada puede hacerse para cambiar el estado de las cosas. Este trastorno, genera una frustación espiritual-existencial que deriva en el suicidio.

De forma general, podemos distinguir entre: parasuicidio o gesto suicida, en el que es evidente, explícita o implícitamente, que la persona no ha intentado matarse y desea aparentar lo contrario para obtener un beneficio o llamar la atención, situación de lo más habitual en el servicio de urgencias; por otro lado, nos encontramos con el suicidio auténtico, cuando hay una evidencia de que existía la intención de provocarse la muerte, que puede ser frustado o consumado.

Dentro de las caraterísticas del intento, la peligrosidad del método guarda una estrecha relación con la intencionalidad letal, ya que un precipitado, ahorcado o heridas por arma blanca o de fuego lo demuestran, en cambio las intoxicaciones medicamentosas se suelen considerar tentativas menos graves, aunque depende del conocimiento subjetivo del paciente hacia la sustancia utilizada. La conciencia de efectividad de la tentativa, evalúa el grado de asombro que produce en el paciente las consecuencias de su ingestión, dado que en ocasiones, existe una creencia errónea acerca de la letalidad del intento. Características como, el grado de planificación, la accesibilidad para evitar el rescate, y la actitud ante el resultado, explorando grados de alivio ante la situación de la salvación o si surgen sentimientos de frustación por el resultado, nos producen cierta inquietud a los profesionales sanitarios, ya que ante ese sentimiento de frustación por no haberse quitado la vida, nuestra actitud es la de salvarlo por encima de todo en contra de los reales propósitos del paciente. Se trata de un conflicto ético entre los profesionales sanitarios y el paciente suicida...

El problema es grave. Esta situación jutifica la necesidad de poner en marcha programas preventivos para reducir los comportamientos suicidas. Una gran parte de los pacientes suicidas, verbalizan de modo directo e indirecto sus intenciones, y es ahí donde los profesionales sanitarios debemos estar sensibilizados para identificarlas. La empatía, flexibilidad y lectura de signos no verbales, dan la clave de los síntomas clínicos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Vivir para trabajar.


Hay personas que creen que el trabajo es lo más importante. Es lo que se conoce con el término "workaholics", son víctimas de su percepción de la realidad, que se retroalimenta a través de su inconsciente adicción al trabajo. Disfrutar del trabajo y estar comprometido con la empresa, es una cosa, pero ser adicto a todo ello es otra cosa bien distinta.

Entre los síntomas que les acompañan, destaca en primer lugar que la ocupación profesional es lo que más importa. De echo, en los casos más extremos es lo único que aparentemente les sarisface en sus vidas. La familia, los amigos y el deporte son secundarios e incluso terciarios. El tener que regresar a sus hogares por la noche les incomoda e incluso irse con la familia de vacaciones; las horas dedicadas a descansar o a divertirse menudo les parecen ridículas, una auténtica pérdida de tiempo; lo que les acaba uniendo a otras personas es el mero interés profesional, que los mantiene al margen de sus verdaderos sentimientos; a menudo pierden toda conciencia de lo que les sucede por dentro; de forma inconsciente, anulan todo lo que sienten para que no les estorbe a su camino hacia el éxito.

Tras varios años de padecer estrés, fatifa y ansiedad crónicas, terminan sintiéndose separados de todo lo que les rodea, incluso de sí mismos. Esta desconcertante sensación sumada al deterioro de su salud, puede desencadenar un estado de profunda depresión incluso ataques al corazón.

Detrás de esta adicción, se esconde un determinado tipo de personalidad cuyo miedo más característico es el de que no tienen ningún valor a parte de sus logros. Asocian el valor de una persona con su éxito profesional, se vuelven cada vez más competitivos, preocupados por la imagen que proyectan de sí mismos.

Para hacer frente a esta patología, los expertos recomiendan a los adictos que traten de encontrar un equilibrio entre su actuación profesional y su vida personal. Nada fácil para ellos, ya que deben superar parte del condicionamiento sociocultural recibido durante su infancia y primera juventud. Desde la década de los setenta hasta la actualidad, la gran mayoría de la sociedad ha sobrevalorado el papel del trabajo en la vida de las personas. Con la malsana justificación de que se quiere que a los seres queridos no les falte nada y tengan de todo, se cae en la trampa de negarles lo más importante, el cariño.

Pero hay salida al final del túnel. En el momento en el que estas personas dejan de creer que su valía depende de la buena consideración de los demás y de los frutos cosechados por medio de su profesión, comienzan a ser más auténticos en sus actuaciones y a dejarse dirigir por las sensaciones que experimentan en su interior.

Porque hay vida más allá del trabajo...

martes, 2 de marzo de 2010

Dar la cara.

La violencia laboral, en la actualiad, se considera una preocupación prioritaria en sectores como la sanidad, donde se estima que se producen el 25% de todos los incidentes violentos en el trabajo. Por un lado el profesional sanitario se enfrenta a la violencia institucional, generada por una deficiente organización del trabajo y la violencia externa del paciente que reclama sus derechos. La violencia en el trabajo según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "no es un problema individual ni aislado, es un problema estructural y estratégico, que tiene sus raices en factores sociales, económicos, organizativos y culturales".

Son muchas las violencias asumidas por los trabajadores y pacientes, y no afecta por igual a todo el mundo. Las enfermeras/os, somos las que estamos más expuestas. El tipo de institución también influye, ya que las que funcionen con un estilo de dirección basada en la intimidadción, las que presentan una deficiente comunicación y relaciones interpersonales, y las que tienen escasez de resursos humanos y materiales, son más propensas a generar situaciones violentas.

Las consecuencias pueden ser muy graves. El daño dependerá de la intensidad, frecuencia y duración del proceso violento y de los apoyos recibidos. Los efectos sobre la salud de los profesionales sanitarios pueden ser estrés (el estrés puede producir violencia y la violencia puede producir estrés), acoso, enfermedades físicas y psicológicas, pérdida de confianza, de autoestima y miedo. En el trabajo, la violencia empeora los resultados, perturba la relación con los usuarios, es causa de absentismo laboral y de pérdida de eficacia y productividad. La falta de personal provoca que los usuarios se sientan agredidos por los tiempos de espera y la manera de expresión ha quedado reducida a la bronca. Hemos pasado del paciente pasivo, al paciente reivindicativo. Por otro lado, la relación profesional sanitario-paciente, se ha transformado en una relación entre proveedores de servicios y consumidores, generando insatisfacción en las dos partes. Así, los pacientes aguantan, los profesionales sanitarios aguantan, hasta un límite. Después viene la bronca, el golpe y la violencia.

La administración, achaca la violencia a los trabajadores o usuarios agresivos, antes que reconocer que la organización del trabajo es en sí violenta o produce situaciones violentas, eludiendo así su responsabilidad. En la sociedad, las violencia es causa de la pérdida del prestigio de la sanidad pública o privada, de la disminución de la calidad de los servicios de salud, y del aumento de los costes económicos.

Los profesionales sanitarios somos la cara visible de la institución a la que pertenecemos y representamos.

lunes, 1 de marzo de 2010

Cortar por lo insano.


En el año 2010, va a estar prohibido contratar personal temporal en la sanidad pública. Al parecer, no se van a poder contratar refuerzos ni sustituir a los empleados ausentes salvo "en casos excepcionales y para cubrir necesidades urgentes e inaplazables", situación en la que los gerentes tendrán que elaborar una memoria de esa necesidad urgente y calcular que no se pasan del dinero que tienen disponible para contrataciones.

El recorte, también se notará en la sustitución de trabajadores que se pongan enfermos. Al igual que se está haciendo hasta ahora, durante los primeros días no habrá nadie realizando sus funciones. Sólo se procederá a su cobertura a partir del decimoquinto día de baja y la novedad es que se sustituirá en caso de que ese puesto sea absolutamente imprescindible.

Si las instrucciones son bastante estrictas en lo que respecta a los trabajadores sanitarios, en el caso de los no sanitarios, la orden es muy clara ya que no se procederá a la contaratación de personal eventual de carácter no sanitario. Estas restricciones, tienen como objetivo el contener el número de trabajadores del sector público, de manera que en los sectores que no sean prioritarios, las contrataciones están prohibidas sin excepciones.

Estas medidas pueden llegar a provocar efectos nefastos para la asistencia sanitaria al sobrecargar unas plantillas ya saturadas al no cubrir bajas, lo cual va a afectar a la prestación normal del servicio sanitario. Si existe una necesidad estructural, seguirá existiendo igual el día uno que en el día quince. Aquí sólo se contempla el criterio económico en detrimento de la calidad de la asistencia sanitaria.

La solución no es recortar en sustituciones de personal, sino en mejorar las condiciones laborales para evitar el absentismo laboral...